
El pabellón de acero y mimbre diseñado por Benedetta Tagliabue ha recibido ya cinco millones de visitas

La gente espera desde hace una hora -a veces, son tres- para acceder al que se ha convertido, con cerca de cinco millones de visitantes hasta la fecha, en uno de los edificios más populares de la feria. Tienen la cara cansada, pero expectante. Han oído hablar mucho de la arquitectura vanguardista del pabellón español, más conocido como El cesto por el material que lo recubre.
La azafata hace una señal y la masa humana se introduce en la primera sala -Origen- de las tres que componen el recorrido de unos 20 minutos, bajo el lema De la ciudad de nuestros padres, a la de nuestros hijos. Se trata de una caverna diseñada por el director de cine Bigas Luna, que traslada al espectador al principio de los tiempos: la Prehistoria y el yacimiento de Atapuerca.
Una bola de fuego cruza la pared, ruge el mar y estalla la música. Una bailarina, hasta entonces postrada sobre una tarima, comienza a moverse, sensual y enérgica. Eleva los brazos, palmea, gira y, con un gesto rápido, se saca un abanico del escote. "Uaaaa, Uaaaaaaaa", exclaman excitadas dos jóvenes chinas, hipnotizadas por el cuerpo femenino y los colores rojo y negro. Con un ritmo frenético, se suceden las imágenes de medio centenar de proyectores en las paredes: un galope de caballos, el balanceo de un botafumeiro, Picasso y Barceló, los sanfermines, el fútbol y el jugador de baloncesto Pau Gasol. Un golpe de atavismo, con el que Luna ha querido dar a los visitantes un baño de pasión ibérica.
El edificio español, uno de los más grandes entre los 190 países participantes -42 de los cuales han construido edificio propio- es obra de la arquitecta italiana Benedetta Tagliabue, que dirige el estudio barcelonés Miralles-Tagliabue. Cada día recibe una media de 38.600 personas, con picos de 54.000; un éxito de audiencia, ya que cuando la Expo eche el cierre el 31 de octubre se prevé que lo habrán visitado entre siete y ocho millones de personas; las estimaciones iniciales eran de 5,5 millones. Esto equivale a uno de cada 10 asistentes a la feria de Shanghai, la mayor de la historia, que espera recibir entre 70 y 90 millones.
El cesto tiene un planteamiento muy alejado de los pabellones italiano o francés -plagados de productos y marcas, y mucho más empresariales-, pero también del ejercicio conceptual, artístico y medioambiental del edificio británico
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